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viernes, marzo 20, 2009

En un charquito de agua salada

Hace unos días estuve en Campello, una población costera situada al norte de Alicante capital. Su playa más turística desapareció por completo en el último temporal y toda la arena que hay ahora es de reposición. La orilla que se extiende hacia el sur, al contrario, está formada por cantos rodados que generan un ecosistema acuático de fondo duro, lleno de recovecos que habitar.

Durante el paseo, estuve rebuscando por la orilla de una charca de unos 20 metros de longitud que se había formado en el interior, separada del impacto del oleaje por un cinturón de piedras, pero comunicada con el mar en sus bajadas y subidas. El agua, por tanto, estaba calma y sumaba apenas unos 10 o 20 centímetros de profundidad en la zona que estaba a mi alcance. Unas condiciones perfectas para hacer fotos ^^


Algas

Debido a la escasa profundidad de la charca, la luz del sol llegaba hasta el fondo, lo que permitía que estuviese tapizado de algas. Entre ellas, destacaban por su vistosidad un par de algas pardas o feofíceas. El nombre de feofíceas o feófitos proviene del griego phaeophyta, que significa "planta marrón". Estos organismos, sin embargo, no se consideran plantas literalmente, ya que sus tejidos no alcanzan el grado de especialización de, por ejemplo, una amapola o incluso un helecho. Tienen estructuras de función similar a raíces, tallos y hojas pero con distinta organización celular. Su coloración marronácea se debe a la presencia de un pigmento, la fucoxantina, que enmascara el color verde de los pigmentos fotosintéticos (clorofilas) y que las protege de la radiación solar. Como si estuvieran morenas ^^

La Dictyota dichotoma, como su nombre indica, tiene un crecimiento dicotómico muy peculiar, de tal modo que cada "hoja" se divide sucesivamente en dos, formando lo que parecen cuernos o dedos. Es un alga muy común y de distribución bastante amplia, así que la podréis encontrar a poco que os asoméis a alguna charca intermareal. Y lo más probable es que os encontréis algún pequeño crustáceo escondido en su interior.

También es muy común la Padina pavonia, que con su estructura laminar bien parece un embudo o un conjunto de volantes. Si os fijáis, veréis que las láminas presentan bandas paralelas de color blanco, que no son otra cosa que acumulaciones de carbonato cálcico.


Cnidarios

Pasemos a los animales, aunque estos bichos en concreto suelen confundirse mucho con algas o vegetales por su apariencia. Además de no vérsele claramente ojos, boca ni otros rasgos asociados comúnmente a los animales, los cnidarios o celentéreos suelen estar fijos al sustrato, si no siempre, la mayor parte del tiempo. Dentro de este grupo se encuentra la clase de los antozoos, es decir, los "animales flor". Son antozoos las anémonas y los corales, que en realidad son algo así como colonias de pequeñas anémonas que viven juntas dentro de una estructura inerte de carbonato cálcico.

Éste es un ejemplo de una anémona muy común en el Mediterráneo. Su cuerpo está formado por un tronco cilíndrico, que en la foto está oculto entre las piedras, y unos tentáculos urticantes que le permiten capturar su comida. Porque ahí donde la veis, con esa pinta de inofensiva alga parda que tiene, la anémona de mar se alimenta de los pequeños animales que atrapa. Ésta es bastante marroncilla, pero podréis ver otras anémonas de la misma especie con el cuerpo verdoso y los extremos de los tentáculos violáceos, ya que su coloración varía dependiendo de la presencia de algas en simbiosis con sus células. Es realmente curioso observar cómo sus tentáculos ondean aunque no haya corriente, lo que deja al descubierto su naturaleza animal.

Este otro tiene un nombre muy descriptivo ¿verdad? Mientras que a la anémona de mar no se le veía el tronco, a este tomate de mar lo que le faltan son los tentáculos. En realidad, los tiene escondidos en el interior de su cuerpo para no deshidratarse, porque la marea está baja y el agua no le cubre por completo. ¿Podéis apreciar en la foto el poro que dejan los tentáculos al ocultarse? El tomate de mar también es carnívoro, como su pariente, y cuando quiere cambiar de sitio, lo único que hace es despegarse del suelo, inflar la parte inferior de su cuerpo con gas y dejarse llevar por la corriente.


Moluscos

Estos bichos son ya más familiares. La palabra molusco viende del latín molluscus, que significa blando. Ésta es la característica que une a caracoles, almejas, navajas, mejillones, ostras, pulpos, calamares, sepias, babosas... Podrán tener concha o no tenerla, podrán llevarla por dentro o por fuera si la tienen, pero todos tienen el cuerpo blando, con molla. Estos bichos, aunque dependientes de la humedad, pueden vivir fuera del agua en gran variedad de ecosistemas y son utlizados por el ser humano no sólo para alimentarse, sino también para adornarse (perlas) o vestirse (botones) con el nácar que secretan para recubrir sus conchas.

Eso sí, muchas veces hay que fijarse para poder distinguir una lapa en una piedra cubierta de un tapiz de algas. La lapa es un molusco con una sola concha que, adhiriéndose con gran fuerza a las rocas y de forma casi hermética, es capaz de soportar tanto la sequedad como el batir de las olas. Como muchos moluscos, se alimenta raspando la superficie del sustrato con una "lengua" dura llamada rádula, que cuenta con una especie de dientecillos que se van regenerando a medida que se desgastan, como si fuese un tiburón.


Crustáceos

Seguimos con el marisco. Los crustáceos (de crusta, caparazón) pertenecen al filo de los artrópodos ("patas articuladas"), así que eso de que las gambas y las cucharachas son primas hermanas no es leyenda urbana. La diversidad de los artrópodos es inmensa: suponen tres cuartas partes de las especies conocidas. Ocupan casi todos los ambientes del planeta y cuentan con unas adaptaciones asombrosas. Pero no digo más: echadle un ojo al post que Sara escribió al respecto. Los crustáceos, aunque también muy diversos, son todavía bastante dependientes de la humedad, así que la mayor parte de las especies las encontraremos en el medio acuático.

Cuesta de ver debajo de la concha del bígaro, un pequeño molusco siempre presente en este ambiente de charca intermareal, pero si os fijáis bien podréis ver cómo asoman un par de antenitas rojas y unas cuantas patas blanquecinas. Se trata de un cangrejo ermitaño, que ha ocupado esta concha vacía para usarla como casa. El abdomen de estos cangrejos no es duro y acorazado como el de un cangrejo de río, sino que es vulnerable blando y blanquecino, siempre protegido en el interior de su concha. Sólo abandona su casa cuando se le queda pequeña y se ve obligado a mudarse.

Éste otro también es difícil de ver, porque su cuerpo es transparente, de aspecto delicado, y además está decorado con rayas pardas en el dorso. ¿Podéis distinguir una especie de camarón diminuto en el hueco que dejan las piedras? El ejemplar más grande no mide más de 5 centímetros (el de la foto no pasaba de 2'5), pero una hembra es capaz de transportar de 2.000 a 4000 huevos.

Los cirrípiedos, aunque sésiles, son también crustáceos. Su nombre significa algo así como "pie de pelo", debido a que sus extremidades de las larvas libres se transforman, al fijarse al sustrato, en filamentos o cirros, con los que capturan su alimento. También sus ojos se atrofian al fijarse a la roca por la cabeza y generan este escudo de placas de carbonato cálcico a su alrededor. Las bellotas de mar de la fotografía aguantarán, encerrados en su coraza, hasta que suba la marea.


Equinodermos

Los equinodermos son un grupo animal bastante peculiar. A él pertenecen los famosos y llamativos erizos y estrellas mar. El nombre del grupo proviene del griego y significa "piel espinosa", ya que muchos de los integrantes del grupo presentan agujas calcáreas en su superficie. Son animales móviles, pero en lugar de musculatura lo que poseen es un esqueleto hidrostático. En su cuerpo hay una cavidad llena de agua cuya presión, controlada por el propio organismo, permite el desplazamiento del animal gracias a unas pequeñas expansiones similares a tentáculos conectadas a dicha cavidad.

En el caso del erizo de mar común, el movimiento se transmite a las espinas que se articulan sobre su caparazón, de tal modo que camina sobre ellas como si fueran zancos. En sus esqueletos, muy comunes en las playas, se ven perfectamente los orificios por los cuales la cavidad de la que hablábamos se comunica con el exterior, formando esos tentáculos o pies ambulacrales. Estos bichos pastan algas y pueden llegar a ser muy voraces. Son capaces de crear cavidades en las rocas con ayuda de los pies en forma de ventosas que hay en la parte inferior de su cuerpo y, cuando hay mucha luminosidad, suelen cubrirse además con conchas, algas o piedras, como el erizo de la fotografía.

No se parece mucho a una estrella de mar o a un erizo, pero las holoturias también son equinodermos y, como tales, presentan también espinas en su superficie. Este bicharraco que veis aquí medía casi 20 centímetros de largo, sólo que parte de su cuerpo aparece oculto bajo la piedra. La mayor curiosidad de estos animales es su mecanismo de defensa. A los pepinos de mar, cuando se sienten amenazados, no se les ocurre otra cosa que echar las tripas fuera, o eviscerarse, si lo preferís. Contraen con fuerza la pared de su cuerpo y así expulsan violentamente sus vísceras (en este caso concreto, los intestinos), que caen sobre su atacante dándoles ocasión de escapar. Lo mejor de todo es que los órganos perdidos se regeneran rápidamente.


Osteictios

No necesitan mucha presentación. Son los peces comunes, los "peces óseos" que cuentan con un esqueleto rígido, lo que les distingue de los otros peces, los condrictios o peces cartilaginosos (torpedos, rayas, tiburones, etc.). Los osteictios son a los vertebrados como los artrópodos al resto de grupos en cuanto a diversidad: hay más especies de peces que del resto de vertebrados juntos. También al igual que los artrópodos, estos animales pasan más bien desapercibidos y, en general, sólo se tiene un buen conocimiento de aquellos que se pescan para consumo humano.

La foto no es muy buena, pero es lo mejor que pude lograr, porque estos pequeños bichillos se dan perfecta cuenta de la presencia de mirones y se desplazan como saetas de piedra en piedra. ¿Lo veis enmedio de las anémonas? Estos pececillos suelen buscar su compañía y protección, ya que una secreción mucosa de su piel hace que no les afecten las sustancias urticantes de los tentáculos. Se desplazan sobre el sustrato y se fijan al suelo mediante las aletas pectorales. Las hembras pueden llegar a poner 10.000 huevos en huecos de piedras o conchas vacías.


No está mal el catálogo para una tarde alrededor de una charca, ¿verdad? Es genial tener la posibilidad de ver tantos y tan interesantes bichos en apenas una ojeada. Sólo hace falta acercarse a mirar.

Espero que os haya gustado el reportaje. ¡Hasta pronto!


NOTA: Quiero aclarar un par de cosas. La primera, que os agradecería si me dijéseis si hay algún error en la asignación de las especies; el medio marino me es más ajeno que el terrestre y algunas fotos no son demasiado nítidas. La segunda, que los términos "bicho", "bichillo", "bichejo" o "bicharraco" los uso con todo el cariño del mundo ^^



Bibliografía y fuentes

- Hickman, C.P., Roberts, L.S. y Larson, A. (2001) Principios Integrales de Zoología, Ed. McGraw-Hill.
- Guía del Acuario de Santa Pola. Especies Marinas Mediterráneas
, Acuario Municipal de Santa Pola
- Herbario Virtual de la Universidad de Alicante www.herbariovirtual.ua.es/

2 Comments:

Blogger Amada_Tierra said...

:)

Me ha encantado aprender un poco más.

Muchísimas gracias...

25/4/09 21:58  
Blogger AlmadeLobo said...

De nada sirve escribir si nadie lee o hablar si nadie escucha, así que gracias a ti, Amada Tierra ^_^

1/5/09 13:07  

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