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viernes, septiembre 09, 2005

Un paseo

Hoy, tras oír una de esas canciones que te hacen rebullir por dentro, he empezado a sentirme tremendamente agobiada, mi ser reclamaba su poquito de equilibrio y no he podido desoír la llamada de Gaia.

Sobre mi bici y con una dirección clara en la mente, me he dirigido hacia donde el instinto me decía que aún podría sentirme mínimamente en contacto con la naturaleza.
He de decir que yo vivo en Alfaz del pí y ese lugar al que me refiero es La Nucía, donde las construcciones y barrios residenciales no han acabado (aún) con el último pequeño pulmón verde de mi zona. Aunque la infección ya está muy extendida...

Después de seguir una carretera donde los coches van a ritmo de infarto (te pasan a tal velocidad que el corazón te deja de latir durante el nanosegundo que sientes la presencia de la muerte rondándote en forma de automóvil) y tras ver varios cadáveres (dos erizos, una rata y una musaraña) he llegado al carril-bici (o sendero irregular pintado de verde, parodia de lo que debería ser) que va hasta La Nucía. Por supuesto mi objetivo no era el pueblo, sino las montañas de alrededor, a las que no pretendía llegar, mas sí acercarme lo suficiente como para ver veinte árboles seguidos. Nada más internarme en una de las carreteras secundarias con pinta de llevarme a donde quería llegar, he visto el terrible aviso “Coto de caza privado”. El lugar no es más que el cauce seco (seguramente introducido bajo tierra) por donde ya no corren las aguas residuales o de riego, que en pasado corrían sin duda, y más antiguamente, por donde correría el agua de las lluvias. ¿Qué cazan allí, gatos, tórtolas?

Al poco de rodar, encuentro un sendero rodable por el que me interno para descubrir que, a pesar de que empiezan a verse árboles y algo de naturaleza, el lugar está invadido de casas en construcción, grúas y obreros. Comprobar cómo se extiende el cáncer es un terrible trance que me ha hecho bastante daño, la verdad.

Sigo el sendero de gravilla (más bien piedras, porque menudas eran), aún llena de ilusión y esperanza, diciéndome que a mí misma que a cada metro me internaba más allí donde me estaban llamando, que iría desapareciendo la infección para llegar a la zona sana. Atravesé un puente con dos tubos gigantes, por dentro de uno de los tubos y conecté con otro sendero, tras atravesar una carretera pequeña.
Por el camino, estando yo en un sendero paralelo (loada sea la madre que me cuida, jeje), pasan dos niñatos en quad, a toda pastilla destrozando la poca paz que había y el mal sendero por el que iban.

Esos son los que dicen que les encanta la naturaleza... los miras esperanzados y luego sueltan: “yo voy con mi moto todos los fines de semana, no veas cómo mola bajar terraplenes mientras esquivas o te empotras contra las plantas”. Te dan ganas de abofetearles, aunque la violencia engendre violencia...

El caso es que seguí adelante cantando para mis adentros “gritar, que nací siendo libre y hoy quiero mi libertaaaaad” y poco a poco, fui alejándome del mundanal ruido. Algo exhausta me detuve al lado de un gran pedrusco a beber algo de agua y como siempre que ando sola, hablaba conmigo misma debatiendo sobre la frase “tierras dejadas de la mano de dios” que me había venido a la cabeza al debatir anteriormente sobre si no me estaba comportando yo como una cobarde al querer alejarme de estos sitios consumidos por una enfermedad, el consumismo y materialismo humano, hacia zonas donde aún reinaba soberana la naturaleza. Para quien le interese, acabé pensando que sí, que realmente aquellos que se quedaban en estos parajes destrozados y luchaban por cambiar las cosas (lucha bastante compleja, por otro lado) estaban renunciando a su propio deseo egoísta de disfrutar de la naturaleza, para quedarse en tierras yermas a fin de cambiar las cosas. Aunque por otro lado, pensé que cada ser humano tiene su camino, que aunque no esté marcado con anterioridad, le llevará aun sitio o a otro y nunca sabes dónde puedes hacer más bien.

Con respecto a lo de “tierras dejadas de la mano de dios”, concluí que no era dios, (o diosa) quien relegaba sus tierras en el olvido, ni nosotros, porque no las olvidamos, las vemos consumirse día a día sin hacer nada (muchos). Y eso es peor que olvidar, es actuar mal sabiendo lo que hacemos. El caso es que levanté la mirada y casi me ahogo con el agua, allí en una pared vertical (por cierto, grata sorpresa descubrir que mi sendero discurría por una especie de Mini Cañón cuyas paredes estaban muy próximas y se alzaban sobre mi cabeza, imponentes y hermosas) una hermosa libélula azul me contemplaba a menos de un metro de distancia. Hermosa en todos los sentidos, bella y grande, con la sabiduría que intuimos en animales que no la tienen en apariencia, más que encierran en ellos mismos (al igual que nosotros) la de la propia Tierra.

Se diría que la Tierra misma escuchaba mis deliberaciones sobre nosotros y ella... y quizá fuera así, quien sabe. Lo que sé es que si no hubiera estado justo allí, pensado aquello y no hubiera levantado la mirada hastiada de nuestra desvergüenza, no la hubiera visto. Y hubiera sido una gran pérdida no ver semejante regalo.

Seguí mi viaje, mucho más contenta y animada. Con la felicidad de aquel que descubre nuevos parajes y va hacia la aventura, sin que nadie pueda retenerle. El caso es que debí emocionarme demasiado, porque al rato, se me soltó un cordón que se enredó con el pedal de la bici y fui a dar con mis huesos al pedregoso suelo. Resultado de lo cual tengo espinas de alguna planta incrustadas en la mano y poco más.
Como siempre, tomándome con mis propias filosofías las vicisitudes del camino, llegué a la conclusión de que aquella caída y el momentáneo malestar estomacal que sufrí entonces, tenían un motivo más allá de lo visible. Sólo se me ocurrió que iba demasiado rápido y que me estaba perdiendo muchas cosas así que, de un modo o de otro, algo me detuvo. Y reflexioné sobre ello. Me senté sobre el camino y allí estuve pensando sobre la quietud, la paz y el silencio (demasiado silencio, a penas se escuchaban pájaros, lo cual no es normal) que reinaba allí. Y me llené de esa paz y pude disfrutarla.

Cuando estuve preparada física y mentalmente, seguí rodando por aquella senda que discurría ascendente siempre, aunque con poca pendiente. (a todo esto, decir que el cielo estaba bastante negro y amenazaba con llover pero a mí me daba igual, tenía el ansia viajera de los kenders metida en el cuerpo). Cuando ya decidí que era hora de detenerse, avancé hasta un lugar en el que presumiblemente estaban acotando para edificar situado en la parte superior de la pared del cañón, dejé la bici y subí arriba, a fin de observar desde un promontorio dónde me encontraba y allí arriba, ante mí, montañas con laderas cubiertas de árboles, nubes bajas acariciándolas y bellos riscos verticales. A mis espaldas, la infección cancerosa, el hombre ganándole terreno con su artificialidad palpable, visible y arrolladoramente aterradora. Había llegado a los límites, donde se conectaba la parte sana con la enferma. Allí, en la parte sana, fijé mi vista y supe que de allí venía la llamada, en sueños y en la realidad, siento la llamada de la naturaleza. ¿La escucháis vosotros?

2 Comments:

Anonymous Sinkim said...

Como no se queman suficientes arboles todos los años, que más da cortar lo pocos que quedan. A veces dan ganas de llorar al ver la estupidez y la codicia humana.

12/9/05 10:59  
Anonymous Anónimo said...

Quiza no deberia contestar, dado que no creo que nada de lo que diga pueda hacer cambiar nada. Sin embargo, uno es amante de las causas perdidas...

Veras, cuando he leido eso de los "2 quads que pasaron destrozando la poca paz que quedaba" me ha llegado al alma. Tengo un quad (de tipo ATV, los que no son deportivos), vivo muy cerca de ti, de hecho conozco muy bien la zona de la nuncia y te puedo asegurar de que amo tanto o mas que tu la naturaleza. No creo que deba dar señas del respeto que tengo a la naturaleza, eso lo doy por sentado y si no lo crees es tu problema.

El caso es que no entiendo como tu y mucha mas gente se cree con el derecho a decidir quien y como puede salir a la montaña. No entiendo como algo que es de todos y que todos debemos respetar y ayudar a preservar deba ser "defendido" por unos pocos que quieren otorgarse para si el derecho unico a su disfrute.

Mira, el tiempo pasa y el progreso avanza. Los jovenes y niños de hoy en dia tienen 100 veces mas restringido el acceso a la naturaleza que los de la generacion precedente. Esto, que algunos ecologistas ciegos se atribuyen como merito propio no es mas que la punta del iceberg de lo que esta sucediendo en el presente y lo que sucedera en un futuro. En el presente son los politicos y los medios de informacion los que promueven (basandose en una falsa ecologia) la privacion del derechode acceso al medio de los ciudadanos para orientar y guiar a las masas a donde hay negocio: los centros comerciales, las ciudades, los lugares de turismo "verde" (turismo activo, casas rurales, etc. todo lo que pague impuestos).

Por otro lado, cabe plantearse que sucedera en el futuro con el propio medio cuando la generacion que estamos educando tenga el poder de decidir. Desde mi punto de vista, una generacion que no conoce la naturaleza no la respetará. Y ese me temo que será el futuro que le legaremos a nuestros hijos si todo sigue así.

No te parece sospechoso que partidos politicos que nunca han respetado para nada el medio desde unos años a esta parte parezca que son los mas verdes del lugar? La estrategia es clara: si a nadie le preocupa la tala de 300 arboles para construir una nueva circunvalacion de una autovia, más fácil se lo ponen (hablo de, por ejemplo, la circunvalacion de la A7 a su paso por Alicante).

Asi, que nada, a seguir "luchando" contra los quads, esos que ayudaron durante las pasadas riadas de Jaen, que ejercen de vigilancia contra incendios, que odian la caza, que colaboran en la busqueda de personas desaparecidas y que tan en contra estan de que se asfalten nuevos caminos y carreteras. Malgastemos energias contra ellos, en vez de ir a buscar los verdaderos problemas. Para proteger la naturaleza frente a cualquier vehiculo (motorizado o no) deben existir unas leyes racionales y razonables que los agentes de la autoridad deben hacer cumplir. Ni mas ni menos. Y tanto derecho a acceder al medio tengo yo con mi quad homologado como tu con tu bicicleta (que por cierto va por senderos, practica prohibida y por la que te pueden multar y que otros ecologistas, mucho mas radicales que tu, querrian crucificarte).

27/6/07 17:19  

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